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miércoles, 21 de septiembre de 2011

miércoles, 31 de agosto de 2011

Galería de Javier Satori

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La galería de Javier Satori en Flickr.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Por la lectura de José Luis Sampedro












POR LA LECTURA
que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.
Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de
autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en
diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro

martes, 23 de enero de 2007

Satori llega a Paris

Por fin llego a Paris. Al París aún imaginario en el que siempre quise habitar. Porque el real llegará un día. El real será, espero, un Paris a lo Gene Kelly chapoteando en los charcos. Vaya gloria de lluvia y de ese hombre dejándose llover encima. Y danzar como si fuera de aire, como si no importara nada más que bailar in the rain.
Así quiero que sea mi Paris. Como un Satori perpétuo. Porque luego llegará el París verdadero con sus humos y sus choques de gente con prisas que tiene que cambiar del RER al metro en tres minutos para seguir camino hacia un trabajo que, casi seguro, les satisface por el resultado, por esa sensación de deber cumplido, no por el trabajo en si mismo, el trabajo perpétuo como condena bíblica, nunca como gozoso comunicar lo interno con el exterior, ese privilegio de hacer sin esfuerzo, como un dejar fluir lo que está por hacerse a través de uno mismo, sin más, sólo teniendo el cuidado suficiente para no inmiscuirse uno en el placer de dejarse ser, es decir, de dejar hacer lo que se debe hacer y que nos ha elegido a nosotros para realizarse.
Satori, que soy yo, llega a Paris al fin, después de años de espera. Debo darme la bienvenida, pues soy el único que habita este París que se irá poblando de seres como yo, individuos recién llegados, constelación de seres que, como yo, quisieron llegar a Paris y un día, imaginación de por medio, se lanzaron a la aventura de habitar ese Paris en el que un día habrá amigos. Hoy está vacío. Habrá que llenarlo.